Por: Isabel Agatón Santander
Duelos aplazados
que nos llevan "inexplicablemente"
a cuidados intensivos
como intenso el dolor
de ver partir cuatro historias
que, como arcilla, moldearon tus años
más felices
Duelos aplazados
como esas gotas de agua
que, a fuerza del tiempo,
se convirtieron en invierno
como esas venas
que ahora son caminos,
espuma y viento
como el dolor que se atraganta
entre la espera
que confía en el tiempo detenido
como el espejo
que registra la sombra del amor y del
olvido
y recobra la viva llama del poema
que se deshizo entre tus labios
Duelos detenidos
como el vino tinto
que reposa en tu garganta
y la espera del clarinete que irrumpe en
la penumbra
como esas manos
que alguna vez fueron flores
y esa silente boca
que se convirtió en bebida
Duelos detenidos
como el Poeta en Villa de Leyva
y esa noche de estrellas
que arropó tu alma y convirtió tu
angustia
Como el fuego
que vistió tu tiempo
de memorias transgresoras
Duelos contenidos
como el convento en mi menor
en el que desnudaste tus manos de otros
tiempos
y vestiste tus labios de otros mares